En el universo de Dragon Ball la reflexión estratégica suele quedarse en casa: los héroes prefieren entrenar hasta sangrar antes que soltar la frase mágica «¡Sal de aquí, Shenlong!». Sin embargo, la propia serie nos recuerda que el gran dragón cumple casi cualquier petición —siempre que el destinatario sea más débil que su creador—, lo que abre un abanico de planes maquiavélicos que habrían dejado a medio fandom sin arcos argumentales… ¡y a los malos sin chistar!
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La Banda Pilaf: una braga a destiempo y un deseo malgastadoCuando Oolong gritó «¡dame las bragas más cómodas del mundo!», salvó la Tierra de un reinado absurdo… pero gastó la bala de plata. Pilaf, Mai y Shu son insectos en comparación con Kami, así que Oolong pudo haber pedido «que los tres se esfumaran para siempre».
Adiós palacio-castillo-súper-robot y, de paso, adiós al futuro en el que esos granujas liberan al Rey Piccolo en la línea de Trunks. ¡Cartoon corto, sí, pero planeta seguro!
Vegeta y Nappa: explota-cápsulas en pleno vueloShenlong se negó a «derrotar a los saiyajin» porque superaban a Kami, pero nadie dijo nada sobre sus vehículos.
Un deseo tipo «haz que esas cápsulas se autodestruyan mientras cruzan el espacio» habría convertido a los príncipes guerreros en polvo cósmico antes de aterrizar. Medio año de entrenamiento en la Tierra, cancelado por mantenimiento.
Freezer: evacúa Namek y que el tirano hable soloPorunga no podía matar a Freezer, pero sí podía teletransportar a todos los namekianos —y sus Esferas— a un planeta mientras el tirano gruñía a las piedras. Sin víctimas, sin fuerzas Ginyu y sin peleas extra. Luego podían fusionarse tranquilos y volver con un guerrero tocho cuando les apeteciera.
El laboratorio del Dr. Gero: boom y adiós androidesBulma propuso encontrar la guarida del científico loco; Gokú, caballeroso, dijo «sería injusto». Pero un deseo estilo «¡que explote su laboratorio ahora mismo!» habría borrado del mapa a los androides 17 y 18, a Cell y a toda la saga que sirvió de gimnasia moral al saiyajin. ¿Drama existencial para Krilin? Sí. ¿Amenaza mundial? No.
Babidi & Dabura: coordenadas express para el Supremo KaiōEn lugar de dejar que Spopovich drenara a Gohan durante el Torneo de las Artes Marciales, Shin podía haber pedido a Shenlong la ubicación exacta de la nave de Babidi. Con las coordenadas en mano, un Kame del Supremo Kaiō a la nave desde la estratosfera y santas pascuas: Buu jamás hubiera olido la libertad.
Majin Buu: «vuelve a ser bebé» (y que Mr. Satan le cambie el pañal)Sabemos por Dragon Ball Daima que Shenlong puede rejuvenecer a cualquiera. Convertir a Buu en un infante rosado habría hecho la batalla final tan peligrosa como cuidar a Pan con azúcar de más. Crían al chiquillo, le enseñan modales y ganamos un defensor esponjoso para el futuro.
Cell Max y la Patrulla Roja: barrido total en un solo deseoDende llegó a sugerirlo: «¿Y si pedimos que el Ejército de la Patrulla Roja desaparezca?». Orgullo saiyajin aparte, un borrón y cuenta nueva hubiera salvado a Piccolo el gasto de energía naranja y a Gohan la factura del oftalmólogo tras el Beast Mode.
¿Por qué nunca lo hicieron?Porque Dragon Ball no sería Dragon Ball si los héroes resolvieran todo dando órdenes a un dragón. La trama exige sudor, gritos y rupturas de camisa.
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Aun así, imaginar estos “finales express” revela un universo donde la astucia estratégica vale tanto como la fuerza bruta: un recordatorio de que el mayor enemigo de los Guerreros Z no siempre es el villano de turno… sino su terquedad.