El Balón de Oro ha vuelto a hablar en el césped. De pocas palabras, Ousmane Dembélé se limita a demostrar las razones por las que France Football le dio el galardón de la campaña pasada. Esta vez, el verdugo fue un Toulouse (3-1) que sucumbió ante dos dianas suyas -la primera, obra de arte- y que no pudo evitar que el PSG siga siendo más líder que nunca en la Ligue 1.